lunes

¿DUELE MORIRSE?

 ¿Os acordáis del juguete de un mono colgado de unos aros olímpicos, que cuando pulsabas los botones laterales, subía y bajaba ejercitando piruetas?
El mecanismo era sencillo, todo giraba entorno a una goma elástica, pero yo de pequeño, con la tontería de ver el mono dando vueltas me podía tirar toda una tarde.
Ahora los niños pequeños, no sé, si por la televisión, internet o la leche con  Omega tres, usan el ordenador, el teléfono táctil y la consola Nintendo como si de hackers profesionales se tratase, y yo con su edad, flipando con el monito de las volteretas.
El caso es que los pequeños de ahora, igual manejan esos aparatos que te hacen preguntas, que ni sabes como contestar, ni son propias para su edad, o al menos eso creo.
Por ejemplo el otro día...  ¿Papá... duele morirse?
¡Venga ya!... si yo no me he planteado esa duda existencial con casi cuarenta, cómo diantre se lo plantea una pitufa de cinco años, y peor aún... qué le contestas.
Ni ganas de darle vueltas al asunto, pero temiendo encontrarme en la tesitura de la incomoda cuestión, conociendo de la  insistencia que caracteriza a los “nanos,” me veo en la obligación de profundizar en el asunto y hacer mis cábalas.
Si algo está claro es que morir, es la consecuencia final de haber vivido, lo que de por si, es buena señal, al menos en un principio.
Levantarse cada día pensando en que tienes que morir en algún momento, no debe ser sano, pero si es cierto que la muerte es tan natural como la vida misma, y una cosa sin la otra no pueden existir, aunque tampoco son compatibles.
Al tener conciencia de nuestra vida y como consecuencia de ello, saber  que vamos a morir, pero con la incertidumbre de no conocer cuándo y cómo va a pasar, al plantearlo puede generar cierta ansiedad, que no tiene nada que ver con el instinto de supervivencia de todo bicho viviente.
Algunos de los que lloran en los entierros, quizá lloren más, por el hecho de que a ellos tarde o temprano también les va a tocar, que por el fallecido, que después de todo ya ni siente ni padece, al margen por supuesto de creencias religiosas o la pena por la perdida de un ser querido, sobre todo si las causas por las que ha sobrevenido el final, se saltan un ciclo vital lógico, o nos sorprenden por su dramatismo o fatalidad.
Pero cualesquiera que sean los motivos, la pena y el dolor la padecen los vivos. Llegados a este punto “ ya voy viendo algo de luz al final del túnel”.
Como resultado, morirse no duele, o no debería, pero las situaciones previas que pueden llevarte a ese punto si pueden ser insufribles, agónicas, dolorosas, tristes, dramáticas etc...
Así que la respuesta que se me ocurre tras todas estas divagaciones es que el instante exacto de morirse solo causa dolor al que sobrevive a este hecho, y no al que se muere, toda vez deje de ser consciente de ello de sus causas y consecuencias.
Si me viene otra vez con la dichosa preguntita yo le doy esa respuesta, y si no le vale o no la entiende, cuando pueda le compro un mono colgado del columpio de aros con la goma elástica y que se deje de flautas.

LA HIPÓTESIS DE GAIA

Navegando por la red estuve leyendo una noticia, en la que según cuentan, parece que unos científicos de una universidad, de las que aún pueden gastar posibles, en proyectos de investigación, habían descubierto un compuesto del azufre, que podía ser el nexo de unión entre los distintos organismos y ecosistemas del planeta, dando fuerza a la hipótesis de Gaia.
Esta presenta al planeta como un único organismo viviente, y sostiene, que todos los procesos físicos y biológicos que se dan en la tierra están conectados y forman un complejo sistema capaz de regularse por si mismo.
Visto científicamente puede ser muy válido trabajar con esa hipótesis y sus variables, pero yo, que soy más bien corto de entendederas y necesito ponerme ejemplos gráficos muy sencillos, enseguida me imagino, que eso tiene que ser como en la película de Avatar, y el planeta, la madre tierra, Gaia, es un todo con conciencia propia. Pero voy más allá y me pregunto, cómo hacemos para comunicarnos con Gaia, ya que el extendido problema de alopecia entre los varones humanos, hace imposible que todos tengamos una coleta con puerto U.S.B. para conectarnos, como hacen en la peli los larguiruchos de color azul, pero la solución viene en el mismo artículo. Y es que el compuesto del azufre encontrado “Dimetilsulfuro” según entiendo de lo que explican y echándole mucha imaginación, tiene que ser como una red wifi a escala planetaria que nos mantiene a todos en línea.
Al margen de cuestiones científicas o esotéricas, he tratado de recordar en que momentos he podido realmente estar en comunión con Gaia, conectado a esa red imaginaria, en la que uno se puede sentir parte de un todo.
 Para algunos puede que sea un instante durante un paseo por el campo, en la playa tomando el sol, admirando el paisaje desde la cima de una montaña, montando en bici, buceando y podría poner un millón de ejemplos más, pero si yo tuviera que elegir un momento, escogería una temporada, quizá no llegó a un año, en la que estuve viviendo en Bolonia, Tarifa.
Yo tendría unos ocho años, principio de los años ochenta, la casa donde nos tocó en suerte pasar esa temporada por cuestiones laborales de mi progenitor, se distribuía en una cocina, sin agua corriente, un pequeño salón con sofá cama, que compartía con uno de mis hermanos y el dormitorio de mis padres en el que también descansaba por entonces el tercero de mis fraternos.
El enclave era idílico, aislado y rabiosamente silencioso, en las noches de luna llena, a través de la ventana, observaba las ruinas romanas de Baelo Claudia, con una luz blanquecina, reflejada en las piedras y columnas iluminadas que daban al paisaje un toque algo fantasmagórico.
 Una ciudad fundada por los romanos en el siglo II A.C., que llegó a tener cuatro templos y un teatro con un aforo para dos mil personas. Antes de ir a dormir, y por las mañanas, lo primero que hacia era andar los diez metros que separaban la puerta de la casa, de la valla de las ruinas, para sacarme la picha y mear frente a la estatua de Trajano, que colgaba de una maromas columpiándose al viento de levante sin manos y sin cabeza. Era más cómodo aliviar las aguas menores allí, que tener que dar la vuelta y entrar en el patio, donde estaban dispuestos, el pozo para sacar el agua, y los baños comunitarios, uno para hombres y otro para mujeres, que compartían las cinco familias que residían en el lugar.
Por increíble que pueda parecer, las comodidades de las que habían disfrutado los residentes de esa ciudad, dos mil años antes, superaban con creces a las nuestras, con la salvedad de un paupérrimo sistema eléctrico de cuatro bombillas en el hogar y una pequeña televisión, con una antena telescópica en uve, clavada en una patata a modo de amplificador de la señal, que no te permitía ver mucho mejor la tele, de lo que con el tiempo, lo hacía el canal plus cuando estaba en codificado.
Rodeados por las ruinas de la ciudad romana y aislados del mundo entero, solo nos quedaba la playa, una playa de arena fina, blanca, peinada por el viento y que terminaba en una duna de más de treinta metros, el anclón, por la que solíamos rodar los cuatro chavales que en ese momento habitábamos, como pequeños salvajes, de una tribu perdida en medio del amazonas. Con la pleamar pescábamos con chambel, un pedazo de corcho con hilo de pesca, anzuelos y plomada, que lanzábamos desde la orilla, con la misma técnica que David usó contra Goliat con su onda. Cuando la marea estaba baja, podías caminar cincuenta metros hacia el fondo del mar sin que el liquido elemento te cubriese por encima de los tobillos, en un agua cristalina con reflejos de color oro.
Nos bañábamos en las lagunas que se formaban en el interior de la playa en un agua caldeada por el sol de medio día, dejando correr las horas de la tarde dorándonos con la luz del astro rey, tumbados en una playa, donde por entonces, paraban más las vacas bravas de capa alazán y las manadas de caballos salvajes, que los seres humanos.
Definitivamente si en algún momento pude estar conectado con Gaia y alcanzar un estado kármico, tuvo que ser en esa época en la que viví como lo hicieron los indios, con la salvedad de que iba en bañador en lugar de tapa rabos. Aunque haciendo memoria, las pocas personas que por entonces acudían a esa playa, no llevaban ni eso, naturalmente eran naturistas, y paseaban al viento las vergüenzas, cubiertas de la típica pelambrera que se estilaba por aquel entonces.
Hace unos años tuve la oportunidad de regresar, una visita de media hora, no pude estar más tiempo. La casa seguía en pie, aunque me consta, que finalmente la derribaron para continuar con las excavaciones de la ciudad romana. El lugar estaba masificado, lleno de turistas que visitaban un horrible museo hecho de hormigón  que hacía daño a la vista. La playa atestada de surfistas, disponía de un par de chiringuitos en los que no cabía un alma y que anulaban el antiguo aroma que recordaba de la historia, la piedra, los pinos, la arena y el mar, para cambiarlos cruelmente y sin atisbo de misericordia, por el olor al aceite de fritanga.

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El enigma de las tetas

Lo primero que me sorprende es que el programa Microsoft Word no reconozca la palabra teta, al escribirla la marca en rojo,  qué poco “espabilao” tiene que ser el encargado del diccionario del Word.
 Según la R.A.E., reza como significado “Cada uno de los órganos glandulosos y salientes que los mamíferos tienen en número par y sirven en las hembras para la secreción de la leche.”
Dicho así, la verdad es que pierden mucho del glamour, la curiosidad y la atracción, que despiertan entre los hombres ese par de órganos glandulosos, que bien lucidos con un elegante escote, hacen imposible, aunque solo sea por una décima de segundo, el que todo varón que se precie de serlo, ponga la vista en ellos con avidez y deseo, aunque la potadora de los atributos, nos esté narrando uno de los episodios más impactantes y dramáticos de su vida,  contrita y a lágrima viva.  
La cosa debe venir desde tiempos inmemoriales, y siempre está en boca de todos, y digo el tema, que no la teta..., aunque ya quisiéramos algunos.
Hay dichos y refranes que atestiguan sobre el poderío y la influencia que se gastan, como por ejemplo, “Tiran más dos tetas que dos carretas”, aunque las carretas no tiran, sino cargan, los que tiran de la carreta serán mulos o bueyes.
Otro... “En caso de duda la más tetuda” y como contra posición a este, tenemos el de “Teta que mano no cubre, no es teta sino ubre”.
Lo que está claro al llegar a este punto, recitando otro refrán es que “ Tetas de mujer, tienen mucho poder”.
Pues resulta que el otro día, leyendo un poco, hallé la  solución empírica del asunto. Pronta mi segunda paternidad, andaba actualizando mis conocimientos sobre el parto en la mujer, que tiene de exclusivo sobre el resto de mamíferos lo doloroso que es.
Según los estudiosos del tema, la culpa la tiene el caminar erguidos. El proceso evolutivo que nos convirtió en bípedos, obligó a juntar los fémures, estrechando el canal del parto, pero, además, como somos cabezones por eso de tener un cerebro desarrollado, la naturaleza nos hace nacer inmaduros. Solo hay que ver como un potro o un ternero, nada más venir al mundo  trota junto a su madre, y un bebé necesita casi de un año para dar sus primeros pasos.
Bien, el hecho de nacer inmaduros generaba un grave problema, dependencia total, y en los tiempos en los que vivíamos en las cuevas, para poder salir adelante hacía falta un entorno seguro.
 Cómo consigue eso la madre naturaleza, pues engañando al macho, y así resulta que en la mayoría de los mamíferos la zona de la vulva y las tetas se inflaman únicamente en la época de celo, pero en la mujer se desarrollan para que siempre estén abultadas, obligando al varón a convivir con la hembra ante la duda existencial de no saber cuando está en su momento fecundo.
¡Eureka! El poder de atracción del canalillo resulta ser una falsa indicación que nos invita a tratar de perpetuar nuestros genes, es un convite de la hembra, una señal de reclamo infranqueable, como lo es para un perro, un toro o un caballo olfatear la parte trasera de las chicas de su especie.
Así que señoras, no es que estemos salidos o siempre pensando en lo único. Mirar  el escote de las mujeres es algo inevitable, natural, yo diría más, es una obligación genética de instinto primario y de supervivencia para el hombre, a causa de una jugarreta de la madre naturaleza, en clara connivencia con la mujer.
Y una vez resuelto este tema, se me genera otra duda de profundo calado.
 ¿Para qué leches tenemos pezones los hombres?...

De la mujer estafadora y el hombre idiotizado.

Una tarde primaveral de temperatura cálida, sentados en la terraza de un chiringuito en el que la luz del sol atravesaba los espacios entre las laminas de madera oscura de una persiana que se mecía al compás de una suave brisa, haciendo que la sombra sobre el suelo creara una falsa sensación de encontrarnos navegando al pairo en un viejo navío. Apoyados en una mesa de madera rugosa y mal lijada cual lobos de mar contando viejas historias,  me encontraba con un par de buenos compañeros tomando unas cervezas, saboreando cada trago refrescante que bañaba la garganta, notando estallar cada  burbuja en el paladar.
Uno de ellos, el más joven, alto, delgado, barbilampiño y de mirada rasgada, contaba su reciente experiencia con una mujer.
La conoció durante una noche, se fijó en ella nada más entrar, casi de su misma estatura con una melena hasta la cintura de pelo castaño oscuro, liso, y con destellos azabache. La cara blanca como la leche, haciendo contraste con unos labios gruesos pintados de rojo con forma de fresa, resaltando como lo haría una amapola en medio de un gélido glaciar, de unos ojos verdes tan intensos que tratar de mantenerle la mirada fija le turbaba, adornados por unas pestañas tan largas que tumbado bajo ella a pleno sol, la sombra de las mismas no tendría nada que envidiar a las hojas de las palmeras de un oasis en medio de un desierto.
Continuaba el zagal, entre trago y trago, con la descripción de la hermosa fémina, entre asentimientos y monosílabos de afirmación y sonrisas de complicidad de su auditorio, describiendo las curvas de su cuerpo.
Sus pechos generosos e insinuantes, se dejaban entrever, por la apertura de la camisa, con un botón desabrochado intencionadamente demás de lo que seria correcto para acudir a misa por las mañanas, pero que por la hora y el lugar, era lo normal, justo y adecuado.
De cintura estrecha y caderas anchas, pero lo razonable para  sujetar un culo que terminaba de forma respingona, desafiando la ley de la gravedad, con unas piernas delgadas y firmes dentro de un pantalón fino y ajustado tanto a su cuerpo, que si hubiese sido del color de su piel hubiese parecido que iba desnuda.
El perfume embriagador, el roce de una mano sobre su antebrazo, en el que los delicados dedos terminaban decorados con unas perfectas uñas esmaltadas, con las que araño suavemente su piel, haciendo que un escalofrío recorriera su espalda. Un leve roce de los labios en  el lóbulo cuando le decía algo al oído, que automáticamente provocó que hasta el último pelo de su cuerpo se erizara, hicieron  que deseara conquistar a esa mujer a toda costa, y lo consiguió.
En ese momento paró su narración y se bebió lo que quedaba de cerveza en su jarra, pidiendo a la camarera, que se encontraba tras una barra de madera de troncos estrechos serrados por la mitad, secando unos vasos, otra ronda, nosotros entretanto, halagábamos al joven con insultos cariñosos y sonrisas tontas la suerte de nuestro compadre, pero él con gesto serio, alzó las manos pidiéndonos calma y continuó su historia.
Como buen caballero, obvió los detalles de su noche de amor y se fue al amanecer. Cuando despertó, se encontraba en la cama de la habitación de un hotel al que no recordaba haber llegado. Las grandes ventanas estaban abiertas, el sol de las primeras horas bañaba las paredes en un tono anaranjado, la brisa del mar mecía las finas cortinas blancas, arrastrando el aroma del agua y la sal al interior de la sala.
Pudo escuchar el agua de la ducha en el baño y recordó a su Afrodita, que en ese momento cerraba el grifo y salía envuelta en una toalla.
Sus brazos se tensaron cuando sus manos trataron de aferrarse al colchón del susto que se dio, no era ella..., o sí..., se le daba un aire pero... Ella al verle despierto le sonrió, se soltó la toalla quedándose como Dios la trajo al mundo, acercándose gateando desde los pies del colchón. Él, sentado, apoyado sobre el respaldo de la cama se tapaba con la sabana apoyando las manos sobre su pecho cual joven virgen inexperta en la noche de bodas.

Saltó de la cama y se encerró en el baño.
No comprendía que había ocurrido, apoyado en el lavabo intentando recordar el momento de la noche en el que perdió a la mujer de sus sueños para cambiarlo por un sucedáneo de esta, observó algo que le abrió los ojos y nunca mejor dicho.
En un pequeño bote transparente flotaban unas lentillas de color verde, junto a este unas pestañas postizas, de una percha tras la puerta colgaban unas extensiones de pelo negro.
Registró nervioso la bolsa de aseo, encontró, un grueso perfilador de labios, una caja de uñas postizas, y una maquillaje blanco como la nieve.
Sobre un taburete de plástico reposaba un sujetador con relleno y una braga-faja con una etiqueta que ponía “Elevaitor”.
Se giró mareado apoyando la mano derecha en la puerta cerrada con la cabeza gacha tratando de tranquilizarse, pudo ver en el suelo unos zapatos con un tacón de diez centímetros y el pantalón vaquero que recogió y estiró comprobando que era de un elástico tan poderoso que ya lo hubiese querido el de niño para fabricarse un tirachinas.
— ¡Que decepción! Me sentí estafado.
— ¿Y que hiciste?—. Preguntamos al unísono nosotros.
Él con la cabeza baja y girándola lentamente lamentándose de su experiencia terminó su historia.
Salió del baño preocupado, la estafadora le miraba con cara expectante, le preguntó que le ocurría, él le interrogó temeroso si al menos era una mujer, ella se puso histérica le insultó y arrojó la lámpara de la mesita de noche que se hizo añicos contra la pared, él recogió sus ropas y salió corriendo por el pasillo en calzoncillos y sin mirar atrás.
Nos quedamos mudos, tratando de imaginarnos la situación y ponernos en su lugar, se acostó con una Diosa y se levantó con un Orco, bueno, por lo menos era una Orca.
Le tratamos de animar con palmadas en la espalda, a todos nos puede pasar, las mujeres son lo peor, nos engañan con trucos de magia haciéndonos pensar que son otra cosa, hay que tener cuidado con los cantos de sirena.
En el momento en que nos encontrábamos renegando del sexo contrario de sus triquiñuelas, maldades y poder de manipulación, la camarera, una joven rubia de pelo corto de poco más de un metro y sesenta centímetros, vestida con una camiseta blanca de tirantes en la que se transparentaban la aureolas de sus pezones, y pantalón corto, muy corto, con el ombligo al aire, y una piel brillante y bronceada depositaba la ronda de cervezas sobre la mesa. Los tres quedamos en silencio observándola con las bisagras que sujetaban nuestras mandíbulas abiertas, nos regaló una sonrisa a uno, un guiño a otro y sobre el último a la vez que se marchaba apoyaba sutilmente la mano sobre su hombro, para preguntarnos con una voz suave y melosa si queríamos algo más. Los tres movimos la cabeza negativamente con cara de  embobados.
Se alejó contoneando las caderas, los tres admirabamos la parte más baja pero a la vez más noble de su espalda, hipnotizados por ese movimiento pendular que nos hizo olvidar instantáneamente, la mala experiencia de nuestro amigo, para mirarnos y sonreír tontamente, acompañando la escena de soplidos y gestos más propios de un simio y confirmar con los otros lo buena que estaba la gachí. 







 
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SITUACIONES EMBARAZOSAS

Lo peor de caerse no es el golpe sino la cara de tonto que se le queda a uno. Recuerdo una vez que paseando al perro me pegué un porrazo contra una señal de tráfico. Todavía tiene que estar vibrando y con el traqueteo clan clan clan, pero continué como si nada hubiese pasado a pesar del dolor, con la esperanza de que no hubiera público que se estuviera partiendo la caja de tan tremendo leñazo. Porque lo peor de estas cosas es que alguien te haya visto. Y qué tendrá eso de que se caiga cualquiera, que arranca la risa de todo hijo de vecino, aunque el porrazo haya sido de los que quitan el hipo.
Pero para risa nerviosa, de esa que uno no puede aguantarse y sabes que te va a meter de cabeza en un jaleo, recuerdo una vez, en un ensayo de un acto ceremonioso, en el que encontrándome en primera fila y con un compañero detrás de mí, radiando los actos en plan programa de los que hacían los de Gomaespuma, para así matar el tedio, fui observado por el jefe de la tribu, que al percatarse de mis estertores tratando de controlar el posible reventón en carcajada, se acercó a mí en actitud aviesa, convencido de aprovechar el momento para dar una lección y ejemplarizar.
—¿Usted no me conoce, verdad?— me preguntó en un tono profundamente amenazador aproximando su enorme careto al mío.
— Sí gran jefe  de la tribu—, conteste yo tratando de que mi voz sonara firme.
— Pues me va usted a conocer profundamente—, y justo cuando sus palabras se lanzaban contra mi físico cual lapidación de ajusticio, fui salvado por la campana que tocó la diosa fortuna mientras se desternillaba de risa.
— Ring ring ¡Jefe de la tribu! El gran jefe supremo le llama por teléfono.
Y como un leal cachorrillo acudió a la llamada dando pequeños brincos, gesto que en un ser de ciento cuarenta kilos, era cuanto menos irrisorio,  para así  poner al día sobre los preparativos de los magnos fastos de la despedida, al gran jefe supremo, contento después de todo, porque el hueco que quedaba vacante en el “valhalla” de los elegidos lo cubriría él.
Esa llamada diluyó en su mente mi insignificante existencia, escapé por los pelos del escarnio público y la estigmatización de por vida, mientras los compañeros se reían comentando:
—De la que te has escapado.— y yo con  un ictus por sonrisa pensaba< Sí cabrones, mucha palmadita en la espalda, pero el marrón me lo comía yo, que aunque rodeado de gente, todos se inclinaban  lo que permitía la física, para alejarse de mí, no fuera a ser que la sangre les salpicara. Vuestros espíritus huían del lugar cual impalas perseguidos por leonas.>
Recuerdo otra situación de estas de “ups,” en la que una chica mona monísima, tanto que aunque bajase a tirar la basura, procuraba que incluso la bolsa con los desechos fuese a juego con sus zapatos, arrojó por error involuntario, junto con la bolsita, el teléfono que llevaba en la misma mano, dentro del contenedor. Y he de aquí, que ni corta ni perezosa y haciendo gala de una habilidad física inexistente, se lanzó dentro del mismo, para recuperar el preciado aparato.
Tras bucear entre una marejada de basura logró encontrar el teléfono, y surgiendo cual ave Fénix de sus cenizas, en el justo momento que pasaba una pareja de vecinos junto al contenedor, hizo ella su estelar aparición, provocando en los vecinos un respingo de sorpresa. Ella con la boca abierta, tartamudeo tratando de dar una explicación lógica, los vecinos miraron a otro lado y aceleraron el paso. Lo que más le fastidió me contaba, no fue el segundo ese de circunstancia embarazosa, sino que no le ayudasen a salir del dichoso contenedor.
Pero los que tienen un don para dejarte con el culo al aire, permítanme la expresión, son los pequeños de la casa. Y contando una de mil, una vez en el médico en una  sala de espera atestada de gente  y con el retraso habitual de la hora, jugaba mi pequeña en su sillón, y rozando con el zapato sobre el asiento produjo un sonido similar a una ventosidad.
—¡Papá eres un guarrete, te has tirado un pedo!— dijo en voz alta y clara, provocando que el murmullo de la sala se interrumpiese.
—No, hija, has sido tú con el roce del zapato sobre la silla— dije en tono conciliador.
—¡ Papá te va a crecer la nariz! No se dicen mentiras, ¡Te has tirado un pedo!— volvió a repetir de manera insistente, mientras el auditorio lanzaba miradas despectivas sobre mi persona.
Y sabiendo por tablas  que la batalla estaba perdida, y queriendo zanjar el tema cuanto antes, le dije en el oído— Hija no me lo he tirado se me ha caído, pero es de los que no huelen, así que sigue jugando bonita.





¿Por qué queremos tener hijos?

Muchos se lo habrán preguntado, seguro que se ha escrito sobre el tema, incluso habrá algún libro que verse sobre el asunto, pero como lo mejor es la sabiduría popular, yo lo he estado preguntando a amigos y conocidos  de diferente condición.
Y por sorprendente que pueda parecer, no hay un motivo contundente. En una decisión que debe haber sido meditada, valorando pros y contras, al interrogar sobre el porqué, las respuestas son ambiguas.
Evidentemente hay un alto porcentaje de motivación en el instinto primario que nos obliga a perpetuar la especie, y garantizar así la continuidad de nuestros genes. Pero no es menos cierto, que esos instintos animales los controlamos bastante bien, y hoy en día, no vamos dando garrotazos en la cabeza a las hembras fecundables, arrastrándolas de los pelos  a la cueva para poder procrear ( al menos la mayoría de nosotros.)
Sabiendo que la vida no es un camino de rosas, o lo mejor sí, pero las rosas tienen un tallo repleto de espinas y cuando se te van clavando escuecen una barbaridad, y además, el camino para unos, es cuesta arriba, pedregoso y con viento en contra, y para otros, llano, cubierto de un mullido césped y con el viento a favor.
 Pero cualesquiera que sea el camino que toque andar, no renunciamos a tener hijos.
 Es verdad que influyen las condiciones sociales, económicas, culturales, religiosas, el entorno y otros mil factores que hacen imposible consensuar una sola respuesta.
Cuando comenté que estaba convencido que el tener hijos era una cuestión del reloj biológico de la mujer y que el hombre simplemente se dejaba llevar, hubo dientes y gruñidos.
¿Y el fin de una pareja es tener hijos? Seguro que las hay, que simplemente no quieren. Disfrutan de la vida, se sienten realizados y plenos en dicha, sin la necesidad de progenie. ¿Acaso son más egoístas éstos, que los que dicen tener hijos porque es una experiencia maravillosa que nadie debería perderse? Para experiencias vete a bucear entre tiburones, conduce un formula uno o salta en paracaídas, pensaran los primeros.
Desde luego el tema es harto complejo. Cuando se decide tener hijos, quizá no se es consciente, de que a partir de la concepción, y de por vida, a uno se le coge algo parecido a un pellizco en el estómago, que como el desodorante, no te abandona, sino que se siente con más fuerza en todo lo nuevo que va surgiendo. La primera vez que tiene fiebre. La primera vez que lo dejas en la “guarde”. La primera vez que se va de excursión y así un largo y perpetuo etc...
¿ Los papás somos masocas? ¿ Y cuándo después de un primer hijo, tienes más? A mí se me reblandecen hasta los huesos, cuando tengo en brazos a mi segunda hija, como me pasaba con la primera, los baberos me los tengo que poner yo.  En mi caso, como en el de muchos papás y mamás que deciden tener más de un  hijo, ya conoces el esfuerzo y los sacrificios que conlleva una criatura. La pareja en su conjunto e individualmente cada uno, pierden intimidad e independencia. El pellizco del estómago es doble o triple, por no hablar de la economía y de lo difícil que resulta conciliar la vida laboral con la familiar.
Y, aún así, pensando con el corazón, creo que buscaría alguno más, aunque la cabeza y el bolsillo finalmente me frenan.
Terminando llego a la conclusión de que  el porqué quizá no sea lo importante, y aún no teniéndolo claro, lo que sí está cristalino, es que el vínculo que los padres tienen con sus hijos es único e irrenunciable, y lo primordial es, poder, saber y querer, aprovechar y disfrutar  con ellos de todo el tiempo que sea posible, sobretodo cuando están creciendo, porque ese tiempo que desperdicies, será irrecuperable.
Y ya cambiando totalmente de tema, pero dándole vueltas a estas cuestiones complejas, filosóficas y  profundas, hago referencia a algo que me ronda. Me pregunto, cuál será la ley física que rige el funcionamiento del bolso de las mujeres. Y es que no importa si es grande o pequeño, con mil bolsillos o uno solo. Si buscas las llaves del coche, que te dice que están ahí, que incluso tú sabes que las había guardado en su interior, miras y rebuscas, pero no aparecen, terminas vaciando el bolso, y misteriosamente las llaves, como si se tratase de un agujero negro, un túnel de gusano cósmico, ya no están allí, sino en el bolsillo de la chaqueta, en la cesta de la entrada o al lado del puñetero teléfono. Casi un misterio para hacer un programa digno de Cuarto milenio.




domingo

CHUSMAÑA

Repasando el año, los que mandan nos dicen que las medidas que han tomado son duras pero necesarias, y que de no aplicarlas estaríamos mucho peor.
No sé como estaríamos, pero tiemblo pensando en como podemos estar. Y esto no viene de ahora, ya trae su bagaje, diría yo desde principio de los tiempos.
Divagando con un compañero a las cuatro de la mañana de una noche invernal, me preguntaba el colega, que si viniesen unos extraterrestres a invadirnos, cómo actuaríamos en España, y yo con mi cerebro al sesenta por ciento de neuronas activas, le contestaba, que haríamos como en los últimos años  con los que han venido de fuera.   
A los que venían del norte en vuelos low-cost.  Emborrachándolos con sangría y permisividad al vandalismo sin consecuencias. Después de todo los chavales tenían que divertirse en algún sitio y diluir en alcohol el más mínimo atisbo de civismo, que en su país seguro que sí ejercitaban. Pero aquí no pasa nada.
A los mayores del mismo lugar, les invitábamos a disfrutar de un tiempo en un Spa comiendo paella y fidegüa y ya de paso se iban con una prótesis de cadera o rodilla a costa de nuestra Seguridad Social.
 Estos son los mismos que nos encuadran en los países P.I.G.S. un coqueteo con el vocabulario para llamar cerdos a Portugueses, Italianos, Griegos, Españoles. Y que yo veo erróneo, porque para cerdos ellos, que nosotros ya somos tontos.
Para los que vinieron del sur la cosa no ha estado peor, y digo yo, que en esos países también habrá fontaneros, banqueros, médicos, policías, maestros, ingenieros y cajeras de supermercado que tendrán su familia y lucharán por tirar para adelante. Pero de esos antiguos protectorados, no nos ha entrado más que gente que como profesión reconocida ostenta el título de “busco-vida.” Labor que he comprobado en un alto porcentaje no lleva a nada bueno.
 Aunque en un país donde delinquir es gratis, y lo peor que te puede pasar, es que te encierren al calentito, con tres comidas diarias y hasta con piscina climatizada, los titulados en “Busco-vida” no nos van a faltar. Ah!! Esos luego, sí tienen paro.
Con los brazos abiertos, y esplendidos como somos, se les daba casa, comida, colegio, tarjeta sanitaria, y el cheque bebé.
Tuvieron un bonito detalle con nosotros un once de marzo, en un amanecer negro para las almas de todos los infieles, que ocupamos la antigua Al-andalus. Son los mismos que se visten y comen de Cáritas, pero no quieren que se ponga el Portal de Belén en los colegios o que se coma jamón en el patio del recreo, y lo más triste es que lo consiguen.
Pues con los extraterrestres haríamos lo mismo. Un coro Rociero, unas sardinas al espeto y un partido de fútbol para recibirles. Para las naves espaciales, como tenemos varios aeropuertos sin aprovechar, se los cederíamos para su uso y disfrute sine die ¡Gratis por supuesto! Les daríamos la opción de abrir la caja de ahorros Galaxia, con dinero hasta el infinito, que ya luego pedimos un rescate. Todos dispondrían de Visa sin tener que  justificar gastos y les asignaríamos un chofer y vehículo de altísima gama, blindado y a costa del Estado.
Los primeros pasos para convertirnos en Chusmaña los dimos con esos despropósitos y ahora vamos a por la segunda parte.
Los ajustes a la baja en los sueldos, se compensan con subidas de impuesto y menores servicios sociales ¡Qué dislate! No soy sociólogo, pero a mí que esto nos empuja a una fractura con dos estratos bien diferenciados ricos y riquísimos  por un lado, y pobres y pobrísimos por otro.
Estamos extraditando a nuestra gente más preparada con conocimientos y capacidad de emprender, universitarios en los que hemos invertido tiempo y dinero, a otros países, para que desarrollen un trabajo que aquí resulta imposible de encontrar, salvo que pagues 190 euros para que te admitan el currículo en un concurso para una plaza que seguro ya tiene nombre.
Vamos encaminados a una sanidad de primera para unos pocos y de tercera para todos los demás, con la educación algo parecido, incluso con la justicia y la seguridad.
Los ricos cada vez más ricos en urbanizaciones burbuja. Los pobres, desahuciados bajo puentes de lodo burbujeante, y todo en un ambiente de chusmerío por un clima enrarecido y de hastío generalizado, que solo estimulan el odio, la violencia  la envidia, la frustración, la rivalidad, la estafa, la corrupción, el soborno, el rencor y así una largo etcétera de ingredientes para cocinar un país en podredumbre que podemos llamar CHUSMAÑA.
Tenemos lo que queremos porque somos conformistas, boca chanclas de protesta indignada en la barra del bar tomando unas tapas, pero de poca acción. El joven que tiene capacidad o posibles se marcha, el que no, sueña con hacerse rico en un programa de televisión de esos cutres, pero que mantiene a media España embobados frente al televisor. 
Pero todo es culpa SOLAMENTE de unos especuladores, que han decido ganar dinero rápidamente,  jugando a hacer subir una prima de riesgo, que es puta reputa.
 También es culpa de los funcionarios que SOLO hacían café bebido, durante su cómodo horario laboral, de los banqueros que dieron dinero a quien sabia que no iba a poder devolverlo, de los constructores que inflaron los precios de las viviendas, en unos terrenos inflados de valor a su vez por Ayuntamientos, con concejales sobornables a base de cenas con final feliz. También SOLO es culpa del que pidió créditos sabiendo que no les iba a hacer frente, del que se compró tres pisos para venderlos más caros antes de firmar escrituras. Del que invirtió en una empresa sin estudio de viabilidad y al final va a resultar CULPA DE TODOS, pero para pagar,  les va a tocar a los de siempre. CHUSMAÑA......  SOL, PLAYA Y UNA CAÑA.

viernes

EN EL 2013 UNA CRISIS DIFERENTE


Como era de esperar la extinción  del mundo, así en plan, todos a una que el tortazo va a ser gordo, pensando en que si el mal es de muchos consuelo de tontos, o consolándome con que más tiene que perder el más tenga y como yo no tengo de nada que se jodan los ricos, no ha comenzado. Aunque fines del mundo acontecen todos los días, pero son a nivel individual, y como de esos hay tantos como personas y somos muchos millones de ellas, prefiero tocar un tema de esos superficiales, pero a los que me gusta buscarle su particular calado.
En el año  2013 me toca sufrir otra crisis, nací en 1973, así que si llego a finales de mayo sin sufrir de avería irreversible, cumpliré las 40 castañas. Si no querías sopa, toma dos tazas, “pringao.”
Porque es lo que dicen, que a los cuarenta  sufrimos de una crisis cuyo principal síntoma es desear volver a ser joven, y para ello, se buscan estímulos rápidos y pasajeros más propios de gente con veinte.
Uno quizá pueda pensar que evitando la cifra, capeas el problema y en lugar de contar por años, si calculas tu vida por meses, 480 desde el alumbramiento, o por días, unos 14.600, le marcas una verónica al tiempo. Pero hay señales que no se pueden ignorar, y negar la evidencia sería de necios.
Los pelos en orejas y narices florecen como las rosas en primavera. El que no peina canas en el tupé por sufrir de alopecia, las peina en la barba y sino en el culo. Las resacas tras una noche de parranda se cobran varios días de convalecencia, ardores, gases como si hubieras comido una ensalada de globos inflados con helio, y como se te haya ocurrido la imprudencia de cenar picante, ve llamando a los bomberos, que el alcantarillado te va a pasar factura cuando visites el trono, desprendiendo una energía calorífica cercana a la que se produce en  el núcleo del sol, concentrada en tu malogrado ojete.
 Las noches se ven interrumpidas en un par de ocasiones, por la imperiosa necesidad de librarte de las aguas menores. La cintura del pantalón vaquero, comienza a quedar ligeramente elevada al sobaco, a los sesenta ese problema ya es irreversible. Y cómo por los efectos desinhibidores del alcohol, se te ocurra marcarte unos pasos de baile marchoso... tu cuerpo se vengará de ti, haciendo que los brazos vayan tan desacompasados con las piernas, que estas últimas parezcan ser de otro.
Pero para acabar en positivo, con el paso de los años, como el buen vino envejecido en barrica de roble, combinándolo con la  veteranía, se puede hacer un buen maridaje, y eso te da una consistencia, un aroma, sabor y categoría que solo logran los que alcanzan la cuarentena, y a las mujeres les pasa lo mismo, o quizá solo sea efecto de la vista cansada, pero sin desmerecer a ninguna ¡Dios me salve! Las que rondan los cuarenta me parece que están ¡Bien rebuenas!
Porque la cana y la pequeña arruga son  señal de sabiduría, experiencia, clase y un porte, que solo se pueden apreciar, entender y disfrutar con el transcurso de los años.

miércoles

La odisea de la reclamación

Salvo los que  habiten en cuevas, tengan alergia a las ondas magnéticas y aparatos electrónicos, o como Bob esponja vivan en una piña debajo del mar. Quién no ha sufrido la tediosa, agónica, desesperante, eterna y enredada odisea que supone, tratar mediante una reclamación, de solucionar algún error en la facturación, de servicios contratados con empresas de televisión de pago, internet o telefonía.
Esta vez me ha tocado a mí, y como no puedo estar callado, ni tengo ganas de bajar al garaje a darle de hostias al saco, para así desahogarme, voy a castigar el teclado contando mi periplo y de paso lo publico en mi blog, para así agregarlo, a la incalculable suma de nefastas experiencias ocurridas con este tipo de servicios.
Abrir una carta de correo, sabiendo que es una factura, suele sentar como una patada en el estómago, y más en estos latosos tiempos de crisis, pero cuando el montante de la factura, que  esa no falta ningún mes, multiplica por cinco lo que te esperas en base a lo que tienes contratado y consumido, la patada es de K.O. técnico, ilegal y directa a las partes nobles.
Esta vez la cosa va con Vodafone, veo  el total a pagar, se me ponen los ojos como platos, me tiemblan las piernas, se me acelera el pulso y me pongo rojo como un tomate, ya no siento ni el frío que paso en casa al tener la calefacción solo de adorno, como tenía mi abuela la muñeca disfrazada de legionaria encima del frigorífico.
La Iliada de Homero se queda corta cuando uno trata de batallar en el teléfono de atención al cliente. Con el pulso tembloroso por la rabia contenida, tengo que llamar hasta en tres ocasiones, para que después de escuchar publicidad sobre nuevas ofertas, y repetir varias veces el motivo de mi llamada a una máquina parlante, finalmente consigo que... “ en unos segundos será atendido por uno de nuestros agentes” Quien dice unos segundos dice nueve minutos de reloj, escuchando una melodía distorsionada que me trae recuerdos de cuando decían que si ponías un disco de vinilo a girar al revés se podía escuchar un mensaje satánico, para nada alentador, tanto como el acento casi inteligible del operador que me toca en liza, aunque eso ya lo tenía asumido.
Trato de ser breve, claro y conciso en la reclamación, pero el operador con más buena fe e intenciones que capacidad, me da unas explicaciones que para nada son convincentes, solo le ha faltado decirme que la culpa es del asteroide Tutatis, que estos días pasa por aquí cerca, e interfiere en la señal planetaria.
El caso es que tras dimes y diretes, he conseguido enterarme (presupongo) que me habían dado de alta en una tarifa de datos, que por otro lado yo no había solicitado, y que me reingresarían el importe cobrado en demasía en las siguientes facturas, y yo le he explicado que no estoy de acuerdo, que si no emiten otra factura con el importe correcto, devolveré el recibo y que por favor que me desactiven cualquier tipo de conexión de datos con internet.
Bueno, pues después de media horita larga con el aparato auricular incrustado en mi oreja, convencido de no haber solucionado un pimiento y contagiado del mismo acento que se le quedó a Jose María Aznar cuando dijo “Estaaamos trabajaaannndo en ello...”, me han llegado dos mensajes que me confirman la perdida de tiempo. Uno me dice que mi reclamación está en proceso y se solucionará el día 19, dos días después del vencimiento de la factura, y otro donde me dice, que me han cambiado mi tarifa de datos de conexión, a smart (esa misma que yo nunca he contratado y habiendo demandado en la llamada,  para que anulasen cualquier posibilidad de conexión de datos)
Para cortarse las venas.    TO BE CONTINUE...

viernes

Typical Spanish

Me identifico como patriota, pero sin gestos y extravagancias anacrónicas  o símbolos trasnochados. Me siento orgulloso de ser Español y defiendo la cultura y tradiciones de este país o “cosa”, como recientemente escuché decir a un chaval, que se dedica al balompié, padeciendo de algo miedo y mucha falta de tablas.
Al que le apetezca ser de otra patria, sinceramente..., que se vaya a tomar viento fresco, y tanta paz lleve como descanso deje, pero que no espere de mí obtener más beneficio que el de la absoluta indiferencia, sobre todo si soy insultado o no soy bien recibido, por cometer el delito de sentirme fiel a mi nación y a los colores de mi bandera.
Después de esta breve introducción aclaratoria, me centro en la cuestión del título de la entrada.
 Tanto en los viajes que he podido realizar por regiones foráneas, de las de más allá de la península ibérica, como en las oportunidades de relacionarme con gentes de otros lares, de vez en cuando me he topado con personajes que al hablar de España, la alababan con expresiones sobre la pasión de los Españoles, la siesta, el color rojo, los toros, la paella, la guitarra, el flamenco, las castañuelas, la fiesta y una largo etcétera de oles, y yo nunca he podido poner más, que una sonrisa ligeramente forzada y gesticular afirmativamente con la cabeza, para seguirle un poco el cuento al cansino de turno.
Que si yo no me puedo creer que todos los suizos se dedican únicamente a hacer relojes, navajas multiusos y chocolatinas, o que todos los chinos hacen kung-fu, que todas las familias Italianas son como la de la peli del padrino, o que Inglaterra entera se para a las cinco en punto, para tomar un té con pastas. A que cojones me vienes a contar a mí tanta soplapollez.
Y como no tengo superpoderes para entrar en la mente del flipad@ de turno que con la cara colorada y los ojos vidriosos  por el efecto de los caldos, comienza a taladrar con acento de guiri, la oreja de un sufridor,  ¡ESSpaaañolllo! OLÉ y con gestos folclóricos de taconeos y pases de verónica me ocasiona un brutal sangrado de ojos, trato de imaginar lo que tiene que pasar por su cabeza, cuando piensa en España y los Españoles.
Menuda ecografía cerebral se abre ante mis ojos, siempre borrachos, de fiesta, corriendo con los toros pisándonos los talones, descansando con una buena  siesta tras comer perpetuamente paella. El becerro de turno, se pensará que aquí nos despertamos a medio día y lo primero que hacemos es tocar las palmas y marcarnos un zapateado, que en el salón de casa tenemos un capote con el que practicamos por tandas, alternando con la guitarra y las castañuelas, y que cuando tenemos una conversación siempre la terminamos con un quejido de cante jondo.
Pero la culpa no es nuestra y aquí me sale la vena patria, si bien es verdad que son destacables esas tradiciones, patrimonio y cultura, e inevitable el que al saber del origen de uno, le hagan comentarios de lo que se conoce, como se puede hacer con el futbol o el basket Español en los últimos tiempos, no es menos cierto, que el pensar que a todos los Españoles nos gustan los toros, sabemos tocar la guitarra y hacer una buena paella, solo cabe en la almendra de un cierto tipo de cebollino con cámara de fotos al hombro, vestido de tirolés con chanclas y calcetines, adicto a la sangría y que de lejos parecía tonto, pero se ve que de cerca lo es.






El enigma de las tetas II

Retomando el enigma de las tetas, y con aquella pregunta del porqué de los pezones masculinos con la que terminé el primer artículo.
 Explica la ciencia, que la naturaleza evolutiva no pierde el tiempo, y que los pezones masculinos están ahí porque no molestan, resumiendo, no dan leche pero tampoco piden pan.
El científico que explicó eso, nunca se habrá rozado los pezones con la camiseta durante una carrera, y es que entendiendo que están prácticamente de adorno,  son sensibles de cojones, que recuerdo cuando estaba en le cole y llegaba el listo de turno te pellizcaba un pezón y te preguntaba por sorpresa ¿Cinco nombres  de leche? Mmm... Pascual,  m.... Puleva... y... ¡”To” tuuuus muertos, suelta ya que duele!
Lo que más me gusta del primer artículo del enigma de las tetas, es que di en el clavo. Muchas de las chicas que leyeron la entrada y me dieron la razón, en sus fotos de perfil de las redes sociales lucían “pechonalidad” pero así..., como de lado y desde arriba, para que se noten sus atributos. (¡Cómo saben de su poder!)
Una lectora me comentó que la confabulación de la mujer con la naturaleza no se sostenía cuando la hembra estaba desposeída de un par de buenos propios. Y yo le digo que como el macho es de fácil distracción, aplicándose con otros juegos, la deslucida fémina seguro que conseguía procrear, evitando que la sangre dejase de regar  el cerebro varonil, nublándole la vista, con diferentes mañas amatorias.
 Posteriormente surgió el arte del engaño y no puedo más que hacer referencia a otra de mis entradas, “La mujer estafadora y el hombre idiotizado” recomiendo encarecidamente su lectura.
Una compañera, conversando sobre el porqué de los pezones masculinos, me dijo que ella siempre había tenido claro una de sus  utilidades. — Para chuparlos—.
 Luego se puso roja como un tomate. Una respuesta espontánea ante tres varones, que no pudimos hacer otra cosa que reírnos, para disimular la sorpresa, ante tan abrumadora sinceridad.
En definitiva y al margen de para ponerse un piercing, o para los preliminares, tarde o temprano la evolución los hará esfumarse en los varones, como nuestra adaptación al medio influenciados por la sociedad, hizo desaparecer los pañuelos de tela con las iniciales del nombre bordadas en una esquina, cambiándolos por los pañuelos de papel. Transformando a los renombrados caballeros de pelo en pecho, en hombres clinex de culo depilado.

domingo

TRUCOS PARA AHORRAR EN CALEFACCIÓN

El frío se ha presentado a traición, por la puerta de atrás sin avisar y  de un día para otro. Quizá el hecho del cambio de hora, tenga algún oculto sistema de activación para bajar la temperatura. Una confabulación entre la C.I.A., Gas natural, los que arreglan las calderas y el que vende el gasoil del “barato”.
Como mi economía está congelada, pero además, estoy mal acostumbrado, a que no me salgan sabañones en las orejas viendo una peli sentado en el sofá, me he puesto a bichear por internet, sobre trucos para restringir algo en el gasto de la calefacción.
Que si aislar bien la casa, que si poner una chimenea, usar contraventanas, acumuladores eléctricos... ¡Menudas soluciones! Si tuviese dinero para poner contraventanas o una chimenea, anda que iba a tardar, con lo que tiene que molar, quedarse frito en el salón de casa, mirando el baile hipnotizador de las llamas, después de echar un buen...... trago de vino por ejemplo.
Así que he decido estrujarme la materia gris para encontrar trucos fiables, buenos, bonitos y baratos, colgarlo en internet y que la gente colabore con sus ideas y ampliar conocimientos entre todos. Y como no se me ocurren más que gilipolleces, pues las pongo y a lo mejor entro en calor con la tontería.
TRUCOS PARA NO PASAR FRÍO EN CASA AHORRANDO EN CALEFACCIÓN:
1º- No encenderla ( ahorrar ahorras, el fallo, te quedas más tieso que un ajo)
2º- Marcharse a vivir a un lugar con clima tropical. (Aplastante pero inviable = 0 €)
3º- Protestar en el congreso contra la casta política (conseguirás que te calienten el lomo un rato, pero durante un mes no te vas a poder sentar derecho)
4º- Irte al bar ( lo que te ahorras en calefacción te los gastas en birras)
5º- Visitar todas las tardes algún vecino que tenga  para encender la estufa ( Hay que echarle más cara que Homer Simpson,  alguno seguro que se está acordando de la vecina del quinto, que esta para darle todo el calor del mundo, aunque luego en quince minutos nos hemos “desinflao” y nos venimos abajo)
6º- Trucar el contador (Soy muy cagón, es un delito y con la suerte que tengo me pillan a la primera y salgo hasta en el NODO)
7º- Ponerte ropa por capas, como si fueras una cebolla de fuentes del Ebro (resulta ligeramente incomodo, pero eficaz)
8º- Lo de los chupitos de wisky solo funciona en las pelis americanas (mejor la sopa de la abuela, bien “calentica”, bajo la “mantica”  “arrumacao” contra el trasero de la contraria)
9º- Pensar concienzudamente en lo que nos han hecho: desde el España va bien, al no hay crisis solo una desaceleración, al no más IVA (no más del 21, quería decir???), al yo tengo la solución, mal de muchos consuelo de tontos, y “pa” tonto yo, que me las han dado en los ultimos cinco años, todas en el mismo costado, en el del lado de la cartera. Así me enciendo que no veas, pero se me constriñen los riñones de la mala leche que me entra.
10º En lugar de en el salón, hacer vida en la salita....
       lo demás a tú elección...
       un saludo campeón.

sábado

DECISIONES VALIENTES

Hace  tiempo en algún coloquio, escuché como miembros del actual gobierno, justificaban las medidas de ajuste pasa sortear la crisis, como decisiones valientes que había que tomar.
Como no estoy de acuerdo, ni con el fondo ni con la forma, de la mayoría de esas decisiones, y siendo como soy, más bien parco en palabras y con poco seso, he consultado en la R.A.E. el significado del término valiente.
Fuerte, robusto, eficaz, animoso en su línea,  de valor. Son parte de los adjetivos que figuran, pero me salía un enlace en el que ponía zapatero valiente, ¡Hostia!  Lo he pinchado, y me ha llevado a otro vinculo, aceituna zapatera, que según reza, es la que ha perdido su color y buen sabor por haber comenzado a pudrirse... Curioso cuanto menos... y el que quiera o pueda, que lo entienda, pero a mí no se me olvida. 
Durante toda la santa mañana he escuchado por la radio, la situación desesperada en la que se encuentran muchas familias, con el paro y la falta de ingresos, y como consecuencia, los últimos sucesos que han sobrevenido, con tentativas de suicidios por personas que iban a ser desahuciadas de sus casas por el impago de las letras bancarias.
Con el soniquete en cuestión rondando en mi encéfalo, me he pasado por los juzgados, para cuestiones laborales.
 La misma decoración invariable, carpetas y montoneras de papeles por doquier, y lo más llamativo, tablones atestados de folios superpuestos, con ejecuciones hipotecarias que no dejaban un centímetro de corcho a la vista.
 Sin dramatizar un ápice, opino que un verdadero muro de la vergüenza para un país, ya que cada una de esas livianas hojas sujetas por una chincheta, pesan en el pecho de muchas familias, cual lapida  de sepulcro, oprimiéndoles la respiración y llevando en cada vez más casos, a intentar quitarse hasta la vida, tras un vía crucis interminable de  ansiedades y malos sueños.
 Tratando de ser gráfico y para que se hagan una idea de la cantidad de ejecutorias que se exhibía,  realizando un calculo proporcional y extrapolándolo a escala nacional, nos iba a faltar muralla china que poder empapelar con tanto folio.
Así que queriendo sumar mi voz, por tenue e insignificante  que esta pueda ser, a la de otros muchos, ruego por una decisión valiente y de justicia, que no permita que ninguna familia Española quede desamparada sin techo bajo el que poder cobijarse,
 que pare una sangría desgarradora para toda una nación, que no tiene sentido ni objeto otro, que la usura y la especulación.
 Que defiendan el derecho fundamental a la vivienda, recogida en la constitución Española, que haga de la carta magna algo tangible para sus ciudadanos, y de este gobierno, digno  merecedor de la confianza de todos los Españoles.




miércoles

Una pataleta funcionarial

Como cada uno defiende lo suyo, y parece que  importan una mierda los males de los demás, yo le doy vueltas a lo mío.
Tenemos que seguir ahorrando y la cantinela que he leído largando, a uno del circulo de empresarios, sigue girando entorno a que a los empleados públicos, les hagan más ajustes en su ya de por si enjuto sueldo. Que no se repongan  vacantes, porque la administración del Estado está sobredimensionada y que se flexibilice el estatus del funcionario.
Qué fácil resulta hacer cuentas con el dinero y la vida laboral ajena. La culpa de una administración con exceso de funcionarios o con duplicidades, no es responsabilidad de ningún currante del Estado, que ha luchado por una plaza en liza contra miles de opositores. Sino de los que dirigen el cotarro, y esos... de rositas.
Si un funcionario padece o va a padecer de tripa suelta,  más le vale que se ponga un tapón de corcho en el culo, faltar al trabajo le puede costar hasta un tercio de la exigua soldada,  ¡Cómo a la mayoría! Dirán muchos, y yo digo que es verdad, pero sinceramente me preocupa que un maestro vaya a dar clase con gripe, que un bombero tenga que acudir al incendio de una vivienda con cuarenta de fiebre, un médico pase consulta sufriendo vértigo,  un policía tenga que patrullar con lumbalgia, un juez juzgue con migrañas y el abogado que te defiende no vea tres en un burro por sufrir una conjuntivitis vírica.
 ¡Hombre! apelo a la responsabilidad de cada uno... Dirán los que se van de rositas...
Y yo les digo, que no me cabe más responsabilidad que la de llegar a fin de mes, y cada vez  lo ponen más difícil, para mayor flexibilidad solo falta que me amarren a un potro de tortura y giren la rueda hasta descoyuntarme al estilo Torquemada.
Ya podían pedir el rescate y con esos cien mil millones, fomentar el crédito empresarial para aumentar la productividad y crear puestos de trabajo, y coger un pellizquito para devolver la paga extra de Navidad a los funcionarios y así animar el consumo, pero no.
 Lo que harán con la pasta es ingresarla en los bancos y cajas, que para eso son los que entienden del tema (y yo tan tranquilo... porque como hasta ahora, lo han hecho tan bien...)
 Esos grandes entendidos, apoyados por asesores y consejeros en su mayoría de profesión desconocida, pero de cargo, político. Diplomados en enchufismo y licenciados cum laude en cara dura, volverán a ser los encargados de administrar la plata, y por lo bien que lo van a hacer, ya habrán encargado unas cestas de Navidad para autoregalarse en las próximas fiestas, que van a quedar, para que solo unos pocos "elegidos" las celebren, porque entre tanto ajuste y recorte, las ganas de festejar las Navidades, se me han diluido como lo haría  una pastilla efervescente en mi boca con un sorbo de agua..., echando espuma por el hocico cual perro rabioso, y más atragantado que la Duquesa de Alba antes de que le cambiaran las pilas. 

martes

Alooó...operadora?

Hoy he llamado para informarme sobre la oferta de Movistar—Fusión, y como siempre desde hace muchos años, cada vez que llamo a cualquier teléfono de información, la señorita o señora que me atiende,  por el acento, intuyo que es originaria de latitudes sudamericanas.
Y no importa las veces que cuelgue y vuelva a llamar, que no consigo hablar con alguien que se exprese en un acento castellano, que sea inteligible para mis afligidos oídos.
Quizá el pecado sea nuestro, y en tiempos de bonanza económica no había ningún españolito que quisiera ponerse a currar en tele-asistencia por cuatro perras, pero ahora la cosa ha cambiado ligeramente. ¡Vamos! Que como sigamos así, igual me pongo a echar unas horitas con un teléfono de micrófono incorporado en plan “CHAYANE” en un concierto en directo, para vender lo que sea.
El caso es que por un lado, me escuece en el alma que una empresa Española tan importante como MOVISTAR, no haga por arrimar el hombro y colabore en reducir el paro entre los jóvenes españoles, y por otro me escuece la oreja, después de permanecer más de quince minutos apretando con fuerza el auricular contra mi pabellón auditivo, como si de esa manera fuera a entender la plática con acento de allá.  Así que como no he sido capaz de siquiera intuir las puñeteras condiciones de la oferta, he pasado del tema, y acto seguido, el teléfono ha sonado.
 Una maquina me ha preguntado por mi estado de satisfacción con la atención recibida. He marcado el cero y automáticamente me ha desviado con un comercial para saber el porqué de mi insatisfacción.
¡ Mi esperanza...! Quizá tenga acento gallego o andaluz... me conformo con alguno de Murcia ¡Coño!
 Pero ni por esas.
 Así que con mi oreja roja como un tomate, mi insatisfacción por las nubes y un cabreo de tres pares de cojones, me he acordado de todos los muertos de Cristóbal Colón, de Hernán Cortes, los hermanos Pinzón y su maldita estampa, a tomar por donde amargan los pepinos, con el " Aló”, el “nomás”,  el “ahorita” y el “Selular”.


domingo

Más de lo mismo

Si una familia se viese obligada a pedir un crédito, en estos tiempos en los que estamos, y le dice al responsable de la entidad que es para pagar deudas, y que tiene pensado solicitar diez mil euros, pero al día siguiente dice que no, que va a necesitar quince mil, y al otro día dice que mejor que sean veinte mil. El director del banco, que ya se mostraba reticente con la primera cantidad, pensaría que si no tienen claro lo que necesitan desde un principio, o no saben echar cuentas o piden por pedir el máximo que cuele, y ya lo pagaré, o no, según me cuadren... las cuentas que no se hacer.
Pues esto mismo es lo que está pasando con las peticiones de rescate de unas cuantas comunidades autónomas. Que si no me va a hacer falta rescate, que a lo mejor sí, bueno que vamos a pedir trescientos millones, mira que van a ser mil y adelántame cien que es que no me llega.
El tema es tan serio que resulta impensable que pueda pasar, pero pasa. Y como para llegar a ser de los que toman ese tipo de decisiones, uno no debe ser tonto, que sería una explicación sensata a tanta incongruencia. Se me ocurre pensar que todo sigue igual, que es más de lo mismo, y que como hay para repartir, vamos a pedir todo lo que podamos, decimos que es para pagar deudas, para activar la economía, y volvemos a lo de antes ya que el que parte y reparte se lleva la mejor parte. Y como es una burrada de cientos o miles de millones, un pellizco de por aquí otro de por allá...
Bueno pues ahora va y resulta, que ya casi es seguro lo de los casinos del complejo “Eurovegas” ¡Notición! Y a mí me huele a tufillo y ojalá me equivoque.
Todo este tipo de grandes complejos necesita del  apoyo y de las fuentes de financiación públicas, cambios de legislación basándose en decretazos y un régimen jurídico como el que debe de tener el limbo, y se hace rápido y no pasa nada, siempre al amparo del interés general, y como el interés general está por los suelos, pues nos agarramos a un clavo ardiendo y el olor a tufillo, como... que no es tan malo.
Pero la cuestión principal es la económica, me pregunto de dónde va a salir la pasta, porque el multimillonario pone un pellizco de la inversión, mucho para un pobre mortal, pero muy poco para el desarrollo de la obra, con lo cual hay que financiarlo, y qué banco va a soltar la manteca en Madrid, Bankia no creo... o sí, y en Cataluña como respuesta a lo de Eurovegas, se sacan de la manga seis parques temáticos, nada más y nada menos. Y yo me pregunto, esos no son los qué han pedido un adelanto para pagar las nóminas y adeudan ni se sabe, y han solicitado cinco mil millones de rescate así, como de malas formas.
Y yo que pensaba que eso de los parques temáticos, viendo como andan,   “Terra mítica” de Valencia, la “Warner” de Madrid, “Isla mágica” de Sevilla, el “Port aventura” de Barcelona, habían resultado un fiasco aún habiendo surgido en una época de bonanza económica...
En otro tiempo no me hubiese preocupado, pero es que por esto mismo, ahora estamos como estamos. Con cinco millones de parados, los sueldos a la altura de la suela desgastada de mi zapato que no renuevo, porque con el I.V.A. al veintiuno, cualquiera se gasta un euro, y con un largo etc... de situaciones que ya me aburre recordar.
¿Y cómo esperan llenar los casinos y los parques temáticos? Pues con Españoles trabajando por quinientos euros al mes, seis días a la semana, doce horas al día, con una semana de vacaciones al año, y con Chinos, Alemanes y Noruegos, que vengan a pasar el rato, en lo que entre cuatro, quizá para hacer honor a sus madres, quieren convertir a  este país en un “Puticlub” con servicios varios.


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VACACIONES EN PLAYA-MEDUSA


Este año, como casi todos, los pocos días que puedo escapar de casa lo hago en plan “ low- cost” y qué más barato puede haber,  que irse de ocupas a casa de los padres del que suscribe, que por suerte viven en la playa.

Como en anteriores ocasiones y repitiendo la liturgia de todos los estíos, a ritmo de chancleta, bañador y sombrilla al hombro, desfilamos al paso lento de los regulares hasta el paseo marítimo, para buscar un hueco  entre los que gustan de  dorar los pellejos al sol, jugar a hacer castillos de arena o amenizar los calores en compañía de un libro.

Una vez montado el campamento, con los bártulos organizados, al refugio del parasol y con el periódico en ristre,  me paro a observar el paisaje que me rodea.

Lo de todas las veces, el mar de agua por delante, el mar de sombrillas por los lados y la ardiente arena por detrás. La pareja de octogenarios carbonizados por el sol, con ellos  parece no ir el tema de los melanomas, y si fuera, con esa edad me parece que les iba a importar un pimiento. Los chavales hinchando el delfín a golpe de pie, los más peques correteando entre las toallas, levantado arena, que fastidiosamente viene a caer sobre la mía, los que van andando a ritmo de fatiga por la orilla, sobre la arena húmeda para hacer algo de gimnasia, el tostado natural de África vendiendo gafas de sol y monederos, el rumor de las olas, la brisa marina…

Pero en la gente, este año, se observa un comportamiento anómalo, algo fuera de la norma. Los bañistas, no dejan pasar el agua por encima de sus rodillas, atentos al fondo, casi sin pestañear, concentrados en el metro cúbico de líquido elemento por delante de ellos, tratando esquivar a las malditas medusas, que están arruinando las vacaciones de muchos, de los que huyendo del calor de secano, soñaban con darse un chapuzón en el agua salada.

 Como si fuera poca la ruina que arrastramos, ahora se vuelven contra nosotros hasta las medusas, y nos atacan en nuestro motor económico, el turismo. Y yo me paro a pensar y le echo la culpa a la Merkel, esto tiene que ser responsabilidad de ella, me cago en toda su estampa, con esa cara de tortuga teutona, estoy seguro que ha formado un complot y a los galápagos que se comían las medusas, las está cebando con salchichas Frankfurt y cerveza templada.

 Pues como nosotros somos muy apañados para según que cosas,  le digo que ya estamos desarrollando el deporte nacional de la pesca de la medusa, resulta muy entretenido y le da su puntillo de riesgo al baño marítimo, que hasta el tostado que vende las gafas y los monederos, ha visto filón y ya ofrece redes y cubos para la pesca del bicho marino, y como por estas tierras hispanas presumimos de ser generosos, les vamos a empaquetar unas cuantas toneladas y ya se las mandamos por correo, unas pocas para Alemania y otras cuantas para el banco central europeo, y así repartimos un poquito de urticaria entre toda esa panda de tecnócratas, inversores  aprovechados y toca pelotas, que no hacen más que marear la perdiz, y este verano del fin del mundo, según el calendario Maya,  me están resultando más incómodos que una mosca cojonera.  
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sábado

RELATO CORTO: AGUAS BRAVAS

La espuma blanca se arremolinaba alrededor del casco de la gabarra. La velocidad del agua iba en aumento, diminutas gotas salían disparadas en todas direcciones formando una ligera cortina que nublaba la vista del horizonte.
Era casi increíble, le costaba dar crédito a lo que les estaba ocurriendo, no hacía mucho navegaban en calma, a él como a la mayoría, le tocaba remar, mientras muchos otros situados en el medio de la gabarra, la parte más cómoda y segura, no tuvieran otro entretenimiento que tomar el sol y rascarse la barriga. Pero aun siendo una labor dura, disfrutaba de lo que hacía, al estar en uno de los costados de la gabarra, tenía buenas vistas y el aire era más fresco, o al menos él así lo creía.
Odiaba a esos cimarrones concentrados en el medio de la nave, amparados en la falsa seguridad que daba estar alejados de la furia del agua, menuda solución para ser tan inteligentes, solo se les ocurría mirar hacia otro lado.
De estar navegando con los demás por aguas mansas, habían pasado a un cauce en el que al principio el agua comenzaba a romper contra el casco suavemente y la brisa iba en aumento refrescando más, era agradable, pero hubo un punto en el que fue impracticable dar la vuelta. La corriente comenzó a arrastrarlos con fuerza, haciendo imposible remontar el curso. Ramoy, encargado del timón y, por tanto, de gobernar la nave, se encontraba desbordado. La fuerza del agua en aumento a cada segundo  hacia perder la estabilidad. En la nave, los nervios, el miedo y  la angustia, provocaban en la gente comportamientos extraños.
Navegando a la deriva, sin timón y con los remos inutilizados por la agitada agua, había algunos que sonreían con la mirada perdida, como si no fuera con ellos, otros se afanaban por aguantar en equilibrio. Los más débiles, situados a los costados de la nave, se sujetaban a los restos de la barandilla como buenamente podían, vomitando por la borda. Los pantocazos del casco sobre las bravías aguas, hicieron que los más enfermos y endebles cayeran al torrente del río, que los hizo desaparecer entre los remolinos con una furia inusitada. Engullidos por un agua que se antojaba oscura y fría.
 Algunos de los testigos no se inmutaron con las primeras perdidas, parecían incluso aliviados, beneficiándose del espacio que estos dejaban, recogiendo los enseres de las primeras victimas haciéndolos suyos.
Tratando de adaptarse, Unón, pensaba rápidamente entre todas las posibilidades que tenía, se estaba estrujando el cerebro buscando la mejor salida, en esa situación, la menos mala sería la buena.
Desde luego lo primero que se le venía a la mente era agarrar los restos de uno de los remos, que uno de los más viejos sujetaba entre sus manos, rítmicamente seguía con la mecánica de los años repitiendo el mismo movimiento automático, sin darse cuenta que la pala del remo había desaparecido. Con los restos de ese remo podría ir en busca de Ramoy, le golpearía en toda la testa, maldito inútil, pero eso no le ayudaría a salir del atolladero.
Lo peor era ser consciente de que la solución no dependía de él, fuera la que fuese, estaba en manos de la corriente. Podía saltar de la nave, pero no resistiría la fuerza del agua, se hundiría entre los remolinos o se golpearía con algún saliente afilado para finalmente  perecer ahogado.
Permanecer en la nave, era alargar la agonía. Los embates cada vez más fuertes, y el rumor del agua en su caída, que según pasaban los segundos se hacía ensordecedor, apremiaban la necesidad de hacer algo, pero la maldita deriva les llevaba al abismo.
Hubo un momento en el que Ramoy comenzó a dar ordenes, pero Unón rápidamente se dio cuenta de que solo se trataba de recolocar la estiba, para estabilizar la nave, eso no cambiaria el curso de la gabarra abocada a precipitarse por la cascada.
La inteligencia, se comunicaba mediante señales con los barcos que aún permanecían en la zona de aguas mansas, pero las respuestas solo eran meras buenas intenciones sin visos de llegar a buen puerto. De todas formas que podían esperar. Unón había comprobado como  entre ellos, en la nave fuera de control y ante la certeza de un final fatídico, continuaban cada uno no viendo más allá de su maldito ombligo.
Sin reconocer que el final estaba próximo y que no quedaban ni tiempo ni ocasión para sortear la caída, siendo así entre ellos, que podían esperar de los de fuera.
La corriente les llevaba al garete, las olas encrespadas y las rocas salientes escoraban la nave, con cabeceos, saltos y embates que causaban en la madera grietas que crujían estrepitosamente bajo sus pies. El fin estaba cercano, el naufragio era inevitable. Las riberas no eran visibles, alcanzarlas a nado era quimérico, no había resguardo seguro.
Pero en uno de los embates ocurrió algo, siempre había estado allí pero nadie quería verlo.
El cable de acero surgió del agua tensándose, desde la popa de su nave a la proa de otra que venia detrás de ellos, ésta a su vez al aproximarse a la agitada corriente, hizo girar bruscamente a otra nave mayor, una de las que continuaba en la zona de dócil corriente que rotó ante la tensión de las otras naves. Todas se encontraban unidas y la corriente las arrastraría en la misma dirección.
Solo en ese momento, viendo que el peligro les podía afectar realmente, que si no remaban para rescatar a la nave más próxima a la caída, ellos se verían arrastrados y correrían la misma suerte. Hubo una reacción conveniente. Ésta no aseguraba la solución, pero era una pequeña esperanza ante la adversidad.
Unón no descansaba, tenso, desde la proa observaba el cable de acero, rígido, oxidado y con alambres que saltaban ante la enorme presión, siempre se había comportado de una manera prudente, tratando de ser previsor, valorando opciones y calculando posibilidades, pero no le había servido de nada.
 Desconfiaba de todos, de la indiferencia hacia el piloto, había pasado al desprecio, de ese y de todos los que le antecedieron.
Consciente de que independientemente del resultado, su punto de vista había cambiado, había abierto los ojos. Tomó la firme determinación de no dejarse engañar otra vez, si lograban salir de los rompientes, si finalmente lograba salvar la vida, navegaría en su propia embarcación o no lo haría, como pirata o como corsario, con patente o sin ella, el sería su propio capitán, aunque pareciera otra cosa o la contraría.
 Otro pantocazo de la nave le sacó de sus pensamientos. La embarcación continuaba acercándose peligrosamente a la caída del agua. La espuma blanca que formaban los remolinos del liquido elemento al reventar contra el casco teñía de un blanco lechoso la superficie del río. Maldita sea, pensó Unón, nada depende de mí, no puedo hacer otra cosa que esperar.


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