Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como aventuras

LA CÁLIDA BRISA DEL SUR (Capítulo 2)

  2 Tocar fondo.- Desperté desorientado. Me había quedado dormido en el incomodo sofá del desangelado salón de mi nuevo hogar. El pantalón vaquero y la camisa seguían chorreando colgados sobre una de las sillas de la terraza, la chaqueta de cuero estaba empapada. Los calcetines, los calzoncillos y la camiseta tirados en el suelo formando una bola de tela mojada. Me sentía como debí sentirme cuando me parió mi madre treinta y ocho años atrás... Desnudo, temblando, indefenso, confundido, dolorido y molesto, obligado a salir contra mi voluntad de la seguridad y el confort del vientre materno. Me asomé a la terraza del apartamento envuelto al estilo romano con una vieja sabana de tacto áspero y olor rancio. El renacer de mi nueva vida no parecía muy prometedor. Tenía un terrible dolor de cabeza a consecuencia del alcohol y los músculos de la espalda contracturados de dormir en la misma postura sobre el incomodísimo sofá. Busqué en el pantalón el paquete de tabaco y saqué un ci...

Olor a verano.

Imagen
El olor era a verano, y el calor en la habitación en penumbra, con la persiana desenrollada y la ventana abierta, para que un aire espeso, vago y remolón, que se resistía a correr a esa hora de la tarde penetrase, ratificaban la entrada en el solsticio. Federico, tumbado en la cama boca arriba, lanzaba rítmicamente   una pelota de goma-espuma al techo, tratando de darle un efecto de rotación, para que justo en el momento de rozar con la cal se produjera una atracción, que hiciera que la pelota se pausara en el aire, señal de que con su mente había conseguido parar el tiempo. La casa de sus abuelos sí qué estaba anclada en el pasado, los muebles del dormitorio donde se encontraba, debían de tener cien años. El aroma de esas maderas era de otra época, quizá de la misma, en la que el Jesús crucificado que coronaba sobre el cabecero de la cama, transitaba por los senderos de la tierra tratando de convencer a los ciegos en la Fe, de lo afortunados que eran por vivir y poder dar vi...